sábado, 2 de mayo de 2026

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En una aldea japonesa vivía un viejo y sabio samurái.
Un día, un joven guerrero conocido
por su rudeza y crueldad se le acercó.
Su táctica favorita era la provocación:
enfurecía a su oponente, quien,
cegado por la ira, aceptaba el desafío,
cometía error tras error y, finalmente,
perdía la pelea.




El joven comenzó a insultar al anciano: le arrojó piedras, le escupió y lo maldijo. Pero el anciano permaneció imperturbable y continuó entrenando. Al final del día, irritado y cansado, el joven se marchó. Sus alumnos, sorprendidos de que el anciano hubiera soportado tantos insultos, le preguntaron: "¿Por qué no lo desafiaste a una pelea? ¿Tenías miedo a la derrota?". El viejo samurái respondió: "Si alguien te ofrece un regalo y no lo aceptas, ¿a quién pertenecerá el regalo?". "A su antiguo dueño", respondió uno de los alumnos. "Lo mismo ocurre con la envidia, el odio y las blasfemias". Hasta que no los aceptes, pertenecen a quien los trajo.


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