No juzgues a nadie, abandona el ardor de la amargura...
En el momento en que más duele, encuentra la fuerza para perdonar.
Calmen la furia de las frases pecaminosas, no guarden venganza en sus corazones.
Y a todos los que no os perdonéis, perdonadles también su falta de perdón...
Sé que es un trabajo duro, lo he pensado muchas veces: es en vano.
Perdonar cuando te maldicen y humillan sin que puedas responder.
El alma, abierta a las lágrimas, se vuelve más pesada con cada insulto…
Pero todo pasará. Y Dios perdonará. Perdonará y tendrá compasión de todos.
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